lunes, 30 de septiembre de 2013

Visita a la fábrica de Cantillon, donde la lambic es religión


Durante mi visita a la capital belga con motivo de la pasada edición del Belgian Beer Weekend, aproveché para hacer algunas visitas de interés cervecero que de por sí podrían suponer suficiente atractivo para los amantes de la cerveza belga. Probablemente la visita a la fábrica de Cantillon, sea una de las citas imprescindibles para los cerveceros, puesto que estamos hablando de la que para muchos es la mejor fábrica de cervezas lámbicas o de fermentación espontánea de todo el mundo. Por diferentes motivos, en visitas anteriores a Bélgica y su capital, la fábrica de Cantillon no estuvo incluida en el tour previsto, por lo que se forjó una deuda pendiente, que ansiaba poder saldar y que por fin pude hacerlo en mi más reciente viaje a Bruselas.

Un poco de historia sobre la marca...
Cantillon comenzó como una empresa de carácter familiar, y aún continúa siéndolo. Con algo más de un siglo de historia, es de las pocas fábricas que permanece totalmente independiente.



El nombre de la marca se debe al apellido de su fundador, Paul Cantillon, quien en 1900 inauguró la fábrica ubicada en el barrio de Anderlecht. En aquel entonces el número de fábricas del estilo funcionando en Bruselas era cerca de un centenar. Tras la II Guerra Mundial, quienes toman la dirección de la fábrica son los hijos del propio Paul, Robert y Marcel. En esta época la fábrica prosperó aumentando la producción. En 1958, año en el que se celebró la Exposición Universal de Bruselas, llegaron a producir la nada despreciable cantidad de 2500 Hectólitros. Años más tarde, en 1968 se produce un nuevo relevo en la dirección de la compañía, recogiendo el testigo Jean Pierre Van Roy, que era el yerno de Marcel. Así de este modo, Jean Pierre junto con su esposa Claude Cantillon, consiguen preservar la tradición familiar intrínseca a la cervecera. En la actualidad los hijos del matrimonio (Jean, Julie y Magali) son quienes dirigen el funcionamiento de la fábrica con la intención de seguir manteniendo ante todo la personalidad de la cervecera y el espíritu familiar de la compañía.




En 1978 se abre la fábrica al público para que pueda ser visitada, convirtiéndose en el Museo Bruselense de la Gueuze, como homenaje a un tipo de cerveza única en el mundo, que sólo unas cuantas pequeñas cerveceras continúan elaborando, intentando preservar su negocio y la tradición.

La visita...
La fábrica se encuentra situada en el barrio de Anderlecht, aunque próxima al corazón del centro urbano de Bruselas. La dirección exacta es Rue Gheude Straat 56, y en la página web de la fábrica (http://www.cantillon.be/) es posible descargarse un documento pdf en varios idiomas, con un plano que detalla una ruta para llegar a la fábrica desde la Grand Place, admirando varios puntos de interés en el recorrido, lo que la hace muy interesante de cara al turista. El horario es de lunes a viernes de 9:00 a 17:00 y los sábados de 10:00 a 17:00. El coste de la visita es de 6 euros. Actualmente es la única fábrica de cerveza en funcionamiento que hay en el caso urbano de la capital, junto con la de la pequeña cervecera La Senne, que se encuentra un tanto más alejada del centro y también es visitable. Tras orientarnos adecuadamente en el mapa, pudimos encontrar la calle donde está ubicada la fábrica, la cual es reconocible por el cartel del exterior y el célebre logo con el bebedor de cerveza sentado sobre una silla en frágil equilibrio.



El aspecto exterior, similar al de un garaje, no hace presagiar el ambiente mucho más acogedor que posee la fábrica de cara al visitante. Nada más entrar nos encontramos con un mostrador de recepción a la derecha, donde es posible comprar los tickets para el tour de la cervecera, y también donde es posible adquirir artículos de merchandising de la firma y botellas producidas en diferentes formatos, cuya disponibilidad está sujeta al stock existente de cada una de ellas. 




A la izquierda se encuentran las oficinas, y también un pequeño bar con una zona de mesas donde poder sentarse y degustar el par de cervezas con el que obsequian a los visitantes tras finalizar el recorrido por la fábrica, y que es posible elegir de entre las referencias disponibles.



Nada más llegar al mostrador tuvimos la suerte de que nos atendiera el propio Jean Van Roy quien en un perfecto inglés nos porporcionó información acerca de cómo son las cervezas de fermentación espontánea, o lámbicas, cómo se elaboran, y que particularidades ofrece desde el punto de vista sensorial olfativo y de gusto. Sensacional introducción para los más neófitos. Las visitas no son guiadas, pero ofrecen al visitante un útil guión impreso muy didáctico, editado en diferentes idiomas, del cual hacen entrega al comienzo de la visita. El orden del recorrido está muy bien ideado puesto que se sigue casi el mismo orden que lleva el proceso de elaboración, lo que ayuda a entender muy bien el proceso.

Sala de Mezcla:



En esta sala es donde se encuentra la caldera de mezcla, donde 1.300 kgs. de cereales ya molidos (65% de cebada malteada y 35% de trigo candeal) por una trituradora que se encuentra en el primer piso, son mezclados con agua caliente para llevar a cabo la maceración. Mientras que se remoja el cereal este es braceado por medio de un mezclador. En un par de horas la masa resultante pasa de 45ºC a 72ºC y se produce el proceso conocido como sacarificación, que es la transformación del almidón en azúcares fermentables. El objetivo final es la obtención del mosto que contiene todos los azúcares extraídos de la malta. Este mosto es recogido en una cubeta recolectora ubicada al pie de la caldera, y que posteriormente es bombeado hasta el piso superior donde se encuentra las calderas de cocción.

Sala de las calderas de cocción:



Las calderas de cocción son de cobre rojizo. En su interior destacan dos elementos fundamentales: unas hélices que permiten mezclar el mosto con el lúpulo, y unos serpentines por donde circula vapor. Hasta las calderas llegan hasta 10.000 litros de mosto bombeados, que se mantiene en ebullición durante tres o cuatro horas, llevando a cabo una esterilización del mostos y una inevitable evaporación de un 25% de líquido. Precisamente esta reducción del volumen, es la que en consecuencia genera una concentración de los azúcares, que posteriormente serán los responsables de la fermentación, por lo que cuanto mayor sea la concentración de este azúcar, mayor será la graduación alcohólica final del producto. En este caso se calcula para que la cerveza resultante alcance un 5% de volumen en alcohol. En esta fase no sólo se produce la esterilización del mosto y la concentración del azúcar, sino que también tiene lugar la lupulización, es decir, la adición del lúpulo. En la fábrica se añaden 20kgs. de flor de lúpulo por cocción. Los 7.500 litros resultantes del proceso se bombean hacia la tina de enfriamiento, 


Granero:



El granero es una sala que se encuentra perfectamente ventilada, y que sirve de almacenaje para el trigo, la cebada malteada y el lúpulo. Dado que la visita fue en el mes de septiembre, no encontramos nada más que fardos de lúpulo (en este caso de tipo Hallertau). Esto es debido a que los sacos de grano son presencia habitual en la estancia de mediados de Octubre a comienzos de Abril, que es cuando se produce cerveza.
Respecto a las materias primas nos informaron de que el trigo proviene de la provincia belga de Brabante, y no se encuentra malteado, es decir, que se emplea en crudo, sin germinar, como sucede con las blanche o wit belgas. Y el lúpulo es envejecido para emplearlo meramente como conservante. Es utilizado en mayor cantidad (hasta el triple) que una cerveza normal, pero dado que está más envejecido y oxidado, no aporta tanto amargor, de modo que el producto final no tiene un paladar agresivamente amargo.

Sala de tina de enfriamiento:



Junto con la sala de las cubas es la estancia más llamativa, pero también se podría asegurar que es la más importante de toda la fábrica, ya que del proceso que sucede entre sus paredes depende la existencia de la lambic.
En esta sala se puede observar una gran tina de cobre de forma rectangular y de escasa profundidad. Llama poderosamente la atención que todas las planchas de metal que la componen se encuentran unidas con remaches, sin soldadura alguna. Un soberbio trabajo de orfebrería. El objeto de que la tina se tan poco profunda y al mismo tiempo con tanta superficie es para procurar que la mayor parte posible del mosto proveniente de la caldera de cocción se encuentre en contacto con el aire. Hasta aquí llegan los 7500 litros de mosto obtenidos tras la cocción y la separación del lúpulo. La temperatura ideal que ha de alcanzar el mosto es entre 18ºC y 20ºC. Esta operación de enfriamiento, se realiza de forma natural, de noche, y únicamente en la época fría del año, que limita la temporada de producción de cerveza de finales de octubre a comienzos de abril.
En función de las diferentes variables meteorológicas, que definen la curva de enfriamiento del mosto en función del tiempo, se procede a la apertura o cierre de las compuertas del tejado, situados al lado de la tina para incrementar o reducir la ventilación.Los meses más fríos del año son los más indicados para la inoculación natural y espontánea en el mosto de los numerosos fermentos silvestres del ambiente. Estos fermentos son propios y específicos de esta sala. Una vez que el mosto se esteriliza en las calderas de cocción, es cuando intervienen las levaduras naturales en cuanto se alcanza la temperatura de 40ºC. 
Según cuenta la leyenda y en opinión de muchos expertos, este procedimiento de fermentación sólo es posible en la región de Bruselas, y más particularmente en el valle del Senne.
Como curiosidad mencionar que recientemente se realizó una rehabilitación del tejado de esta zona, que tuvo que deshacerse colocando el tejado original de nuevo, a causa de que con la nueva cubierta la fermentación no comenzaba tal y como venía sucediendo durante décadas.

Almacén de toneles:




Esta es sin duda la sala más espectacular y llamativa de toda la visita, donde la enorme cantidad de cubas almacenadas impresiona al visitante. El mosto es trasvasado de la tina de enfriamiento hasta las pipas y barricas (de 250 litros de capacidad) de madera de roble o de castaño. Con la producción de un lote se rellenan 11 pipas o 26 barricas. Esta es la forma en la que se procedía en la industria antiguamente, y que trata de mantener Cantillon. Hoy en día en la industria moderna se dispone de tanques de acero inoxidable que disponen de un sistema de refrigeración con el que se controla la temperatura para que se lleve a cabo la fermentación en su interior.


Tras unos días da comienzo la fermentación espontánea, fruto de las levaduras silvestres ya inoculadas en el mosto de forma natural, y el azúcar contenido en el mismo.
Cuando comienza este proceso, lo hace de forma acelerada y violenta de modo tal que durante tres o cuatro días, se genera tanto carbónico, que no es posible cerrar los toneles, por el peligro existente de explosión a causa de la presión interior. Por este motivo, de la boca de los toneles se observa como sale al exterior una espuma de color blanquecino. En esta fase cada tonel viene perdiendo entre 5 y 10 litros de su capacidad. Tres o cuatro semanas más tarde comienza la fermentación lenta, con lo que desaparece el riesgo de explosión. Es en este momento cuando se procede al cierre hermético de los barriles. El producto que ya contienen las barricas es una cerveza lambic. Luego la fermentación continúa en un proceso largo y complejo que dura como mínimo tres años, en el que cada tonel pierde hasta un 20% de líquido como consecuencia de la evaporación, ya que al contrario que sucede con el vino, no se utiliza la técnica de rellenado con mosto.

Sala de embotellado:


La cerveza llega hasta esta sala desde los depósitos del piso interior y fluye hasta la máquina de embotellado. Para el embotellado la fábrica emplea botellas típicas para vino espumoso, bien de 37,5 cl. o de 75 cl. de capacidad. El ritmo de embotellado alcanza las 1200 botellas a la hora. Una vez que la cerveza es embotellada, se cierra con un tapón de corcho natural y se encapsula, de una forma muy similar a como se hace con el champagne. El motivo de colocar la cápsula, es evitar que el corcho salte en verano debido al calor y la presión interior del carbónico. Las botellas posteriormente son transportadas hasta los nichos de la bodega mediante una cinta transportadora mecánica.

Bodega:


En la bodega es donde las botellas pasan a almacenarse antes de disponerse para su venta. Las botellas son colocadas en nichos, en posición horizontal como en el caso de los vinos, donde permanecerán así varios meses. Es precisamente durante ese periodo cuando los azúcares aún no fermentados proporcionados por la lambic joven, producen una nueva fermentación en el interior de la botella, que a su vez es la causante de la saturación de carbónico de la cerveza (ya que se produce CO2), transformando la lambic no espumosa, en una cerveza de aguja o achampanada, la gueuze. Esta misma refermentación es la que también padecen las cervezas lámbicas de frutas como las de guindas, uvas o frambuesas.
Esta gasificación natural de la cerveza, la hace más atractiva al paladar, afinando el sabor final del producto, pero manteniendo también su marcado carácter ácido tan característico de las lambic. 
Cada nicho de la fábrica tiene una capacidad para 11.000 botellas, de forma que en la cervecera suelen tener 60.000 botellas en existencias de promedio. Sin duda una cantidad muy elevada, que se debe a que el paso de la lambic no espumosa a la lambic con aguja exige un mínimo de 6 meses de maduración en botella. Debido a la mezcla de lambics de distintos lotes con diferente edad, no se puede indicar una añada concreta en las botellas, aunque en cualquier caso, cada cerveza que sale de fábrica tiene una media de edad entorno a los 3 años.

Durante la visita es curioso observar, como en muchos lugares parece que el polvo y las telarañas se acumulan de forma sorprendente, y son más abundantes de lo previsto, ya que el visitante no espera ver esa aparente suciedad en el interior de la fábrica, pero se debe a una explicación. Durante el verano, las últimas fermentaciones y en especial las remesas de fruta, utilizadas para las lámbicas de frutas, atraen a numerosos insectos. Para poder combatirlos no es posible utilizar insecticidas, ya que resultan nocivos para las cervezas que envejecen en los barriles. El mejor modo de hacerlo es mediante el "proceso natural". Las arañas son extraordinarias depredadoras de insectos, por lo que ayudan a mantener el equilibrio biológico de la fábrica eliminando los insectos perjudiciales, por lo que ningún productor de lambic querría jamás destruir una tela de araña o matar a un arácnido.


Tras esta sala la visita concluye regresando de nuevo a la zona de salida donde se encuentra el bar donde es posible degustar las dos cervezas (de entre las disponibles en ese momento en fábrica) con las que se obsequia al visitante para que pueda comprobar por sí mismo, cómo sabe una lambic Cantillon. Lamentablemente sólo había disponibles para degustación y venta las referencias correspondientes a la gama básica de Cantillon: la Gueuze, la Kriek y la Rosé Gambrinus, junto con la lambic joven, en el caso de la degustación.


Sobre las cervezas de fermentación espontánea...

Las cervezas de fermentación espontánea, son cómo el propio nombre indica, cervezas en las que la acción de la fermentación la producen levaduras silvestres que se encuentran presentes en el ambiente. Es decir, que no es necesario inocular la levadura en el mosto, ya que la fermentación se produce por el simple contacto del mosto con el aire, donde ya residen las levaduras salvajes. Hasta que en el siglo XIX Louis Pasteur llevara a cabo el mayor estudio científico hasta aquel momento sobre las levaduras, todas las cervezas que se elaboraban podríamos decir que pertenecían a la familia de las de fermentación espontánea, puesto que la levadura que hacía posible la fermentación estaba en el aire, y no se añadía de forma explícita ni consciente al mosto de la cerveza.
Actualmente se han encontrado hasta un total de 86 tipos distintos de levaduras en las lambic, pero dos de ellas, las denominadas Brettanomyces Bruselensis y la Brettanomyces Lambicus, son las más importantes dada su función, ya que son las encargadas de asimilar todos los azúcares no fermentables del mosto, de manera que al cabo de 3 años en una lambic quedará una muy pequeña cantidad de azúcar, apenas un 0,2%.
A estas cervezas también se las conoce como cervezas lámbicas, que es el término utilizado en castellano para designar a las cervezas lambic. El origen del término lambic proviene por similitud fonética con la localidad Lembeek cerca de la región de Bruselas, cuna más que probable, de este tipo de cervezas.
La lambic tradicional por tanto, es una cerveza cuya fermentación escapa en cierta medida, del control del productor. De una cuba a otra, el número de factores determinantes que inciden en las características finales de la cerveza es enorme, por lo que resulta imperativo realizar mezclas entre diferentes cubas para conseguir que la cerveza tenga un sabor armonioso. Ahí reside el principal talento del elaborador de lambic, cuyo olfato y gusto han de estar intensamente entrenados para afinar la proporción de la mezcla, de forma que el resultado final sea de calidad. Deberá probar de un decena de toneles, de los que hará una selección de cinco o seis para producir una gueuze que cumpla con los requisitos de calidad de la casa. Un trabajo que tiene tanto de ciencia como de arte.
La cerveza lambic puede ser consumida tan sólo unas semanas después de que haya comenzado la fermentación lenta, pero el elaborador habrá de esperar al menos un año, para poder disponer de una cerveza más fina, más apta de cara a fabricar productos acabados como las gueuze o las kriek.
Se puede decir que la lambic no tiene un sabor normalizado, sino que su acidez, sabor amargo o suavidad puede sufrir variaciones de una producción a otra. En el caso de las gueuze, para poder obtener el producto final, el elaborador mezcla lambics de uno, dos y tres años. Las más jóvenes son las que aportan el azúcar necesario para que genere el carbónico mientras que refermenta en botella, mientras que las más añejas dotan a la cerveza de un buqué y aromas más complejos y afinados.
Resulta muy habitual, y forma parte de la tradición, que se mezclen frutas locales del país, con la cerveza lambic. Ya en los inicios del siglo XX, era muy frecuente que los fabricantes de cerveza realizasen mezclas con guindas, frambuesas y uvas. La temporada en la que se suelen elaborar estas cerveza es en verano, entre finales del mes de julio y comienzos de agosto, cuando hay abundancia de fruta madura. La proporción de fruta respecto a los litros de lambic varía de un fabricante a otro. En el caso de Cantillon es de 150 kgs. de fruta por cada 500 litros de cerveza. La maceración de la fruta en la cerveza dura al menos 3 meses, con el objetivo de que la cerveza pueda absorber el sabor, color y los azúcares de la fruta. Una vez que ha transcurrido el periodo de maceración, se mezcla con una lambic joven, se filtra y se embotella. El resultado es una cerveza, que si bien continúa conservando su carácter ácido, gana en complejidad y riqueza de matices gracias a los sabores y aromas de la fruta natural añadida.

Sobre las cervezas de Cantillon...
El portfolio básico de Cantillon está compuesto por tres principales referencias:
La Gueuze, la Kriek, y la Rosé Gambrinus.

La Gueuze, es la representante de la fábrica del estilo de cerveza bruselense por antonomasia, las gueuze. Se trata del resultado de mezclar cervezas lambic de diferentes "edades" (uno, dos y tres años) que se encuentran madurando en los toneles de la fábrica. Los matices resultantes dependen del porcentaje de la presencia de cada una de las lambicas en la cerveza final, y se caracteriza por su marcada acidez, y su prolongada conservación. Como refermenta en botella, gracias a los azúcares aportados por la lambic joven, se produce una "champañización" de la cerveza, dotándola de una mayor concentración de carbónico.

La Kriek, otro género muy popular en Bruselas, consiste en el resultado de macerar guindas de Schaerbeek (una variedad de cerezas particular) dento de cubas que contienen lambic de dos años de edad, durante 5 o 6 meses. La proporción habitual de fruta por litro de lambic, suele ser de 150 Kg por cada 500 litros. A la hora de embotellar, se mezcla con una lambic joven, en una proporción 70%-30%. El resultado final es una cerveza achampanada, cuya acidez es matizada por el dulzor de la cereza. Este tipo de Kriek, es una lambic auténtica, y no tiene nada que ver con las elaboraciones de otras marcas que lo que hacen es inyectar sirope de fruta en la cerveza a la hora de embotellar, produciendo un gusto excesivamente azucarado y artificial.

La Rosé de Gambrinus, es el mismo tipo de cerveza que la kriek, es decir, una lambic auténtica con fruta macerada, pero sustituyendo las guindas por frambuesas, de modo que se desarrollan otros matices distintos.

Aparte del portfolio básico descrito, la gama final se complementa con otras referencias, las cuales son muy apreciadas por los expertos y aficionados cerveceros, dada su calidad, y también por la limitación de existencias, ya que se trata de producciones más limitadas. 

Faro: La más accesible y dulce de todas las referencias de la casa, ya que se trata de una lambic a la que se le añade azúcar candeal y caramelo. Al contrario que sucede con la gueuze, por ejemplo, la conservación de esta cerveza no es muy prolongada puesto que el azúcar que se añade, al producir una nueva fermentación en botella, puede hacer estallar la botella por la presión del carbónico generado.

Vigneronne: Es del mismo tipo que la Kriek, o la Rosé de Gambrinus pero en este caso las guindas son sustituidas por uvas blancas.

Fou'Foune: Una nueva variación de la Kriek, y las otras cervezas lámbicas de fruta mencionadas, donde en esta ocasión son los albaricoques de Bergeron los que proporcionan los matices dulces de la fruta, compensando la acidez acentuada de la lambic.

Iris: Esta referencia tiene la particularidad de que sólo emplea un tipo de malta, la pale ale, que proporciona un color ambarino, pero conservando el carácter ácido típico de la lambic, complementado por otra serie compleja de matices y un sabor con reminiscencias del vino.

Grand Cru Bruocsella: Una de las dos cervezas más apreciadas de la marca. Se trata de una lambic añeja con 3 años  de edad, especialmente seleccionada tanto por su tonalidad, aroma y buqué. La particularidad que tiene esta cerveza es que todos los azúcares del mosto han sido totalmente consumidos por las levaduras, antes de proceder al embotellado, por lo que no refermenta en la botella como sucede con otras variedades.

Lou Pepe: En el caso de la Lou Pepe, las cervezas lambic que participan en su elaboración son cuidadosamente seleccionadas, de forma que las elegidas son las más elegantes y aromáticas. En el caso de la Lou Pepe hay dos variantes: una en la que se añaden guindas y otra en la que se añaden frambuesas, pero con la particularidad de que la proporción de fruta por litro de cerveza, es prácticamente el doble que la empleada para la fabricación de la Kriek y la Rosé Gambrinus, obteniendo como resultado una cerveza muy rica y densa en fruta, pero a la par equilibrada. La refermentación en botella para estas cervezas se consigue mediante la adición de azúcar de caña a la propia botella. Dado que las lambics empleadas para la fabricación de las Lou Pepe, proceden de una misma cuba, permite indicar la añada en la etiqueta de las botellas.

También hay muchas otras referencias de producción mucho más limitada, de carácter experimental, o de temporada por ejemplo. Así tenemos algunas referencias mas como la Mamouche, la Cuvée des Champions y la Zwanze entre otras. Todas ellas atesorando una gran calidad en el estilo.

Y hasta aquí la entrada dedicada a Cantillon, una cervecera que sigue apostando por hacer cervezas tan peculiares y especiales como son las cervezas lámbicas, manteniendo la tradición, el carácter familiar y el gusto por las cosas bien hechas.
Si queréis saber más acerca de la cerveza belga, festivales, abadías productoras, etc podéis consultar el siguiente enlace dedicado a la cerveza, del propio Servicio de Turismo Belga:
http://www.belgica-turismo.es/contenus/cerveza___nuestra_gran_embajadora/es/7072.html


martes, 24 de septiembre de 2013

Mi "Beerano" Cervecero #MBC2013



Hay una máxima de gran veracidad que afirma que lo prometido es deuda. Como allá por comienzos del verano un servidor se ofreció a participar en una convocatoria colectiva dentro del círculo de bloggers cerveceros en castellano, hoy toca cumplir, con sumo placer he de decir por otra parte. La iniciativa, que me atrevo a bautizar como "crowd writing", consiste en que los bloggers que quisieran participar en ella, narraran lo que ha dado de sí su verano en materia cervecera, por lo que muy acertadamente, el responsable de la idea, mi amigo Pau, alias lupuloadicto, le diera el apropiado nombre: Mi "beerano" cervecero.

Por mi condición de fiel amante de la cerveza desde hace muchos años, mis veranos suelen estar repletos de experiencias cerveceras más allá de las barbacoas al aire libre, la cervecita tras el baño en la playa, o disfrutar de las terrazas veraniegas al anochecer que llenan las calles más animadas de toda España durante la época estival. Con el propósito de resultar lo más ordenado posible y "breve", voy a pasar a relatar lo que ha dado de si estos tres últimos meses.

Los viajes...

Cada año me siento afortunado por tener Cantabria como destino de parte de mis vacaciones, y es que tengo la suerte de que mi familia posea un apartamento en el pueblo costero de Noja, que goza de dos fantásticas playas como son Tregandín y Ris. Los atractivos de aquella región son prácticamente inabarcables, sus paisajes, tanto las montañas de Los Picos de Europa, o Reinosa, como los valles pasiegos, como el de Cabuérniga, o sus playas. También podemos admirar toda la riqueza de un patrimonio histórico y artístico inmenso con poblaciones como Santillana del Mar, Comillas, Potes, Bárcena la Mayor y la propia Santander. Y si hablamos de su gastronomía los atractivos son aún más numerosos con sus pescados a la brasa, el bonito del norte, las anchoas de Santoña, o sus carnes de vacuno, o los riquísimos sobaos pasiegos o las corbatas de Unquera, que ponen el complemento dulce a una variada oferta gastronómica. Pero además, en los últimos años ha surgido en la región una microcervecera de la que pueden sentirse muy orgullosos los cántabros gracias a su buen hacer, y que puedo decir sin albergar ninguna duda que se ha convertido en un motivo más para acercarse a esta zona de España y conocerla. Muchos adivinarán que me estoy refiriendo a Dougall's, de la que ya he hablado en el blog en varias ocasiones. La última precisamente cono motivo de la visita que les hice recientemente durante mis vacaciones, el pasado mes de agosto. Ubicada en la pequeña, bonita y acogedora población de Liérganes, se encuentra la fábrica de esta marca de la cerveza, que reúne calidad y buen precio como pocas microcerveceras del nutrido y creciente panorama nacional. Era una tarea pendiente que tenía anotada en mi particular lista, puesto que habían sido varias mis visitas a este precioso pueblo del interior de Cantabria y aún no conocía donde se cocían (y nunca mejor dicho) sus cervezas. La visita fue muy enriquecedora a nivel personal, ya que tuve oportunidad de hablar largo y tendido, con Andrew Dougall, un soñador que afortunadamente apostó por montar una fábrica de cerveza propia cuando aún se encontraba en pañales todo el "movimiento" cervecero artesano que ahora está en plena efervescencia a lo largo y ancho de la Península Ibérica. Si además añado que tuve la oportunidad de probar alguna de las referencias estrellas de la casa como la versión IPA de su célebre 942 directamente del fermentador, la experiencia sin duda ganó muchos enteros.



Pero en cuanto a viajes, lo mejor estaba aún por venir. Dos semanas antes de la finalización del verano, (concretamente el primer fin de semana de septiembre) tuve la oportunidad de viajar hacia Bruselas para asistir a la edición nº XV del Belgian Beer Weekend. Un fin de semana de ensueño para cualquier gran aficionado a la cerveza, donde es posible disfrutar de un ambiente festivo, y un sinfín de cervezas belgas (más de 350) en un marco tan majestuoso como es la Grand Place, una de las más bellas plazas de todo el mundo. De comienzo a fin fueron 4 días intensos, repletos de experiencias que sobrepasaron con creces todas las expectativas depositadas en el viaje. Bélgica y su capital atesoran una oferta increíblemente atractiva tanto a nivel histórico-artístico como a nivel gastronómico. Si además le unimos la oportunidad de disfrutar de un espectacular homenaje festivo a la cerveza belga, nos encontramos frente a la que quizás sea la mejor opción como destino turístico europeo en esas fechas. 



Y no sólo tuve la ocasión de disfrutar del festival, sino que también aproveché para visitar lugares emblemáticos para los que amamos esta bebida, como puede ser la fábrica de Cantillon situada en el barrio de Anderlecht. Conocer desde dentro las históricas instalaciones de la que posiblemente sea la mejor fábrica de cervezas lámbicas del mundo, es algo verdaderamente emocionante. Tampoco fue la única cervecera visitada durante mi periplo por tierras belgas durante esos días. 



La célebre y antigua fábrica Het Anker, artífice de las maravillosas Gouden Carolus, también recibió mi visita. Así como la fábrica resulta de gran interés para los cerveceros, su cantina restaurante es un lugar que no hace sino incrementar la popularidad y prestigio del lugar, ya que en ella podemos probar todas sus referencias y los ricos platos de su carta elaborados muchos de ellos con cerveza de la casa. La carbonada flamenca que tuve ocasión de tomar, acompañada de una botella de Cuvee Van der Keizer Blaw que compartí con mi cuñado, era digna de derramar más de una lágrima por ella, no sólo por la emoción de degustarla con su exquisito sabor, sino por la pena que me afligía al comprobar que cada vez quedaba menos carne en el plato y menos cerveza en la botella. Malinas, la ciudad donde se encuentra la fábrica, alberga un centro histórico que merece la pena visitar, del que cabe destacar su Grote Markt, o Plaza del Mercado, donde se encuentran los más bellos edificios de la ciudad como la Catedral y el Ayuntamiento. Como prácticamente sucede con cualquier viaje, si se realiza en buena compañía resulta mucho más gratificante, puesto que se tiene con quien compartir los buenos momentos. 



Así por ejemplo en esta ocasión, pude disfrutar de grandes vivencias dignas de perdurar durante largo tiempo en mi memoria, gracias a mis compañeros de viaje, entre los que estaban mi cuñado, un amigo, Lolo, dos parejas birro-blogueras: Observatorio Cervecero y Zumo de Cebada, respectivamente, y un buen cliente y amigo a quienes muchos del mundo cervecero madrileño conoceréis Fernando Sánchez, que estuvo acompañado de su pareja. Fueron realmente muchas las cervezas compartidas en locales míticos como el Café Delirium, entrañables como el Toone o Le  Bon Vieux Temps, o de nueva hornada como Bier Circus o Moeder Lambic. En los próximos posts venideros describiré con todo lujo de detalles el resto de lo acontecido en mi viaje a tierras belgas.

Las ferias...

El buen tiempo que suele reinar en "la piel de toro" de Junio a Septiembre, es el principal estímulo para que sea la época del año donde proliferan numerosas ferias de cerveza artesana y festivales a lo largo y ancho de toda la geografía española. Pero este año a mi parecer, ha sido el que ha vivido una mayor euforia en lo que respecta a acontecimientos de este tipo. Así hemos tenido por ejemplo:

- La Feria del Poble Nou de cervezas artesanas en Barcelona.
- El Reus Beer Festival (Tarragona).
- EL Fes-t hiu de Vilanova i la Geltrú (Barcelona).
- La 1ª edición de la feria de cerveza artesana de Serranillos en Ávila.
- La 1ª edición del Asturies Summer Beer Festival en Gijón.
- La 2ª edición de la Feria de cervezas artesanas de Montemayor de Pililla (Valladolid).
- La 2ª edición de Birragoza en Zaragoza.
- La 1ª edición de la Feria Internacional de la cerveza artesana en Aranda de Duero.
Y muchas otras...

Por razones familiares, el negocio, los viajes, compromisos y demás circunstancias no me ha sido posible acudir a tantas ferias como me hubiera gustado, pero con la asistencia al Belgian Beer Weekend sin duda me he resarcido de la sequía veraniega de ferias y festivales visitados. No así ha sido el caso de mis socios, quienes sí han podido visitar alguna de estas ferias, por lo que me he mantenido muy bien informado de todas ellas, incluyendo incluso en las que ninguno de nosotros estuvo presente. Las ferias son una oportunidad inmejorable para crear nuevos lazos comerciales en un caso como el nuestro en el que pertenecemos al sector, y también para los neófitos es una gran ocasión para acercarse y conocer más de cerca el producto, desde otro punto de vista: Explorar, conocer y experimentar nuevos sabores, diferentes conceptos de lo que es la cerveza para el público en general. Sin duda todo ello enriquece la cultura gastronómica de nuestro país. Aquellos que llevamos ya unas cuantas ferias en nuestras espaldas sabemos que son lugar de encuentro de los que profesamos un gran amor por esta gran bebida que es la cerveza. Las cervezas compartidas, los intercambios de impresiones ( y de etiquetas y otro objetos de coleccionismo también) así como las actividades ideadas por la organización en las que muchas veces somos partícipes, son las que nos dejan un buen sabor de boca de lo que da de sí este tipo de eventos.


El negocio...
Como muchos de los que siguen este blog ya sabrán, dirijo junto con otros dos socios un negocio de venta de cervezas en la capital. Como consecuencia de ello, y también debido a nuestra política de empresa, realizamos un exhaustivo análisis de las cervezas que vendemos, de modo que no ponemos a la venta cerveza que no hayamos probado salvo raras excepciones, que se deben a excelentes recomendaciones procedentes de gente de la más absoluta confianza en cuanto a criterio de calidad y gustos cerveceros. Es fácil suponer por tanto, con esta premisa, que en muchas ocasiones tenemos la oportunidad de disfrutar de algunas cervezas ciertamente destacables, joyas ocultas, inéditas, que llegan hasta nosotros a través de las más diversas vías y que nos proporcionan sensaciones sorprendentes y muy gratificantes. También existen otras cervezas con las que sucede todo lo contrario y que terminan siendo "carne de fregadero", siendo algo que nos encontramos con más frecuencia de lo que desearíamos. Pero también en nuestro negocio tienen cabida catas y otros eventos cerveceros. De los acontecidos durante el pasado verano destacaría especialmente la visita que nos realizó allá por el mes de Julio, Jesús Medina con sus cervezas que pudimos disfrutar tanto de barril (la Hoppy Lager con nueva receta y aporte extra de lúpulo) como en botella (la Tropical IPA), más un experimento también en barril, su IPA Gringaza con una pizca de cayena que lograba una sensación muy llamativa en el paladar al contraponerse el amargor del lúpulo junto con el picante de la cayena. Gracias a la acción del lúpulo se consigue mitigar el picor y el ardor producido por la especia, aunque la sensación general al final es astringente. Original receta sin duda que no dejó a ninguno de los presentes indiferente.

Otro de los eventos que tuvimos en el local este verano y que cosechó un mayor éxito fue la cata temática de las cervezas especiales de Brewdog. Resultaba fácil intuir que estábamos ante uno de los acontecimientos que más daría que hablar, de entre todos los que han visto la luz en nuestro local, ya que las plazas disponibles prácticamente se agotaron en cuestión de horas. Así antes de concluir el caluroso mes de agosto tuvo lugar la cata con 5 auténticas maravillas como son las siguientes cervezas:
Electric India: un híbrido entre una saison belga y una cerveza bien lupulizada como una IPA, que además incluye cáscara de naranja, miel y pimienta negra.

- #Mashtag: una American Brown Ale, resultado de las peticiones hechas por los fans más auténticos de la micro escocesas, que incluye lúpulos neozelandeses y madurada con avellanas y virutas de madera de roble.
- Cocoa Psycho: Imperial Stout que acentúa los matices chocolateados con cacao, aparte de incluir en la receta café, vainilla y considerables cantidades de lúpulo.
- Dog B: Otra Imperial Stout pero con nada menos que 15º de alcohol, que incorpora cacao y chile como aditivos en la elaboración, lo que provoca una combinación global particularmente potente y de fuerte ardor final.
- Black Tokyo Horizon: Es el resultado de reunir en tan sólo 33 cl. tres grandes obras de la industria cervecera actual como son la Black de Mikkeller, la Dark Horizon de Nogne y la propia Tokyo de Brewdog, que contiene otros 15º de alcohol y que la convierte en una cerveza para beber con cautela.
La cara de felicidad de los asistentes tras la conclusión de la cata era más que obvia, ante tal despliegue de artillería pesada con potentísimas y sabrosas referencias como las mencionadas, donde la #Mashtag se llevó el título de favorita de entre las cinco, por total unanimidad. La mejor brown ale que jamás he probado sin duda.


Las cervezas...



Obviamente en todas las experiencias descritas es la cerveza la principal protagonista. Es entorno a ella, donde giran todos los acontecimientos descritos, y los excelentes momentos vividos, por lo que no quería finalizar el post sin apuntar el que, bajo el punto de vista de mi valoración personal podría considerar como mi Top 10 de cervezas probadas por primera vez este pasado verano:

- Rodenbach Caracter Rouge (Bélgica)
- Brewdog #Mashtag (UK, Escocia)
- Fantome Brisé BonBons (Bélgica)
- Blanche des Honelles (Bélgica)
- Thornbridge Raven Black IPA (UK, Inglaterra)
- Beer Here Morke Pumpernickel (Dinamarca)
- Lagunitas Little Sumpin (USA)
- Oskar Blues G'Knight (USA)
- Wild Beer Epic Saison (UK, Inglaterra)
- Oskar Blues Ten Fidy (USA)

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Belgian Beer Weekend 2013, el paraíso de la cerveza belga.


Este será el primero de una serie de posts dedicados a la cerveza de Bélgica: cómo se vive, se disfruta, dónde se puede comprar y degustar en su capital tras un viaje a Bruselas con motivo de la celebración del Belgian Beer Weekend

El festival...
Durante el primer fin de semana de septiembre, desde hace 15 años, la majestuosa Grand Place de Bruselas se convierte en el epicentro del mundo cervecero durante 3 días con motivo de la celebración del Belgian Beer Weekend, o también conocido como la Feria de la Cerveza Belga, una cita ineludible para todo cervecero y en especial para los amantes de la cerveza belga. La edición de 2013 tuvo lugar los días 6, 7 y 8 de Septiembre, durante los cuales todos aquellos que se acercaron hacia el corazón de la capital belga tuvieron la oportunidad de disfrutar de una variedad de cervezas belgas (tanto en grifo como en botella) como en ningún otro lugar ni momento del año en todo el planeta, además de poder degustarlas en un entorno mágico y de única belleza como el que forman las fachadas de los edificios de la Grand Place, convirtiendo a Bruselas en el paraíso de la cerveza.


Los responsables de la celebración de esta fiesta de la cerveza belga, son los miembros de la Federación de los Productores Cerveceros Belgas (Federation of Belgian Brewers, www.belgianbrewers.be). La Federación es una de las asociaciones profesionales más antiguas del mundo y todas las cerveceras belgas pertenecen a ella. Su cometido más importante es defender los intereses generales del sector cervecero tanto en materia económica como social y ética. El organismo actúa como interlocutor oficial de los productores cerveceros belgas con la comunidad local, federal, europea e internacional. Su campo de acción cubre todos los sectores de importancia de la industria cervecera, centrándose en particular en la promoción de la cerveza, teniendo en cuenta la prevención y cuidado de la salud y al mismo tiempo la calidad de la cerveza.

El festival contó con la presencia de una gran cantidad de diferentes productores belgas, tanto grandes fabricantes industriales, como pequeños cerveceros artesanos, que ofrecieron codo con codo, una muestra más que representativa de las diferentes referencias que componen sus respectivos portfolios. 

Los productores que acudieron en la edición de este año fueron:
Sint Jozef, Van Steenberge, Abbaye du Val Dieu, Des Fagnes, Lindemans, Lefebvre, Slaghmuylder, Verhaeghe, Alken-Maes, Dupont, Huyghe, Palm, De Troch, Van der Bossche, Du Bocq, Roman, Sint-Bernardus, De Ryck, Van Honsebrouck, Silly, Bavik, Haacht, Boon, Het Anker, De Halve Maan, Des Légendes, Bosteels, Martens, De Dool, Achouffe, Caracole, D'Eucassinnes, Saint Feuillien, John Martin, Caulier, Malheur, Duvel-Moortgat, Contreras, Abbayé des Rocs, AB InBev, Bockor, Dubuisson junto con varias abadías trapenses concentradas en un único stand dedicado en exclusivo a ellas. En total más de 350 diferentes cervezas de múltiples estilos: desde cervezas de abadía a lambics, o desde cervezas blancas de trigo, hasta las roja flamencas. Entre todas ellas era posible encontrar tanto cervezas con una gran reputación sobradamente conocidas, como otras menos habituales que podían ofrecer sensaciones sorprendentes a los más cerveceros. Para saber qué cervezas eran ofertadas en cada stand, existía una completa lista en internet, clasificada por estilos, indicando productor y precio, lo que facilitaba, o dificultaba más aún la elección de las cervezas a tomar dada la variedad, ya que ante la imposiblidad de probarlas todas, resulta una difícil tarea escoger, dada la calidad general de la cerveza servida.

La mecánica...
En cuanto a la mecánica y organización del festival de cara al público resultó grato comprobar que a pesar de la gran afluencia de visitantes, el desarrollo de la feria se llevó a cabo sin incidentes y de forma bien calculada. El ambiente reinante en todo momento era festivo, y aunque las muestras de efusividad y alegría eran muy frecuentes, como es natural en este tipo de acontecimientos, en ningún momento se produjo ninguna situación desagradable o conflictiva.




Para la ocasión, la Grand Place se ve transformada, disponiéndose los puestos de cada productor en la zona central de la plaza, la cual es vallada para separar el paso de los turistas y viandantes de aquellos que quieren disfrutar de la feria. Como guiño hacia los cerveceros, cabe mencionar el detalle decorativo de incluir ramas de lúpulo en las vallas que delimitaban el perímetro, lo que ayudaba a identificar con claridad que aquello era una fiesta homenaje a la cerveza. El recinto contaba con varias entradas (6 en total, una por cada esquina y otras dos en el centro) por las que podía acceder gratuitamente el público. Pero además este año la organización quiso ampliar el área destinada al evento, debido a la creciente afluencia de visitantes año tras año, por lo que instalaron una barra de 50 metros con varios grifos detrás de la Grand Place junto al edificio de la bolsa, a la que llamaron "Beer Street".



Para degustar la cerveza, tanto en la Grand Place, como en la zona de la Bolsa, era necesario adquirir las chapas que se utilizaban como moneda oficial para el festival, ya que las consumiciones no podían ser abonadas directamente con dinero. Para poder adquirirlas existían varios puntos de venta convenientemente señalizados, dos en la Grand Place (uno junto al Ayuntamiento y el otro junto al Museo de la Ciudad), más un tercero junto a la Bolsa. El precio de cada chapa era de 1 euro, existiendo un mínimo número de 10 chapas, que componen el pack básico, junto con una moneda simbólica de color amarillo que funciona a modo de depósito por un valor de 3 euros.



El mecanismo de funcionamiento es muy sencillo, y quedaba perfectamente explicado con unos simples diagramas en la guía gratuita que daban en los puestos donde se adquirían las chapas: En el stand al que acudamos a degustar una de sus variedades debemos entregar la moneda depósito amarilla y entregar el número de chapas que corresponde a la cerveza que vamos a beber, según indica la tabla de "precios" que tiene cada puesto, pudiendo ser 2, 3 o 4 chapas dependiendo de la referencia elegida. Una vez consumida la cerveza, sólo queda devolver la copa al stand que corresponde, devolviéndonos de nuevo la moneda depósito para que podamos disfrutar de otra cerveza del mismo u otro productor. Un sencillo pero muy práctico modo de controlar los vasos por cada fabricante, ya que de este modo cada visitante se hace responsable de su vaso devolviéndolo al lugar que corresponde. Es necesario recordar que en Bélgica prácticamente cada cerveza lleva asociado su propio vaso, por lo que resulta especialmente crítico para el correcto servicio de la cerveza que quiere ofrecer cada productor.





En cuanto al horario del recinto del festival en la Grand Place oscilaba según la jornada: el viernes el día que comenzaba la apertura a una hora más tardía (a las 18:00, aunque la zona de la Bolsa abría dos horas antes) el festival cerraba sus puertas a las 21:45, mientras que el sábado lo hacía a las 20:45 desde las 11 de la mañana, y el domingo lo hacía aún a una hora más temprana, a las 19:45, abriendo igualmente desde las 11 de la mañana, resultando sin duda la jornada más tranquila de las tres. El ambiente, una vez que el sol comenzaba a caer, y la penumbra del ocaso se cernía sobre la Grand Place, iba ganando en animación hasta traspasada incluso la hora de cierre, hasta apurar las últimas copas, creando una imagen espectacular de la Grand Place donde eran frecuentes los brindis multitudinarios espontáneos, en las que los visitantes alzaban juntos sus copas.

En la zona de la Bolsa el ambiente era ligeramente más tranquilo e informal, aunque el formato de funcionamiento era prácticamente el mismo, con una ventaja respecto a la zona de Grand Place: la barra donde se disponían los diferentes grifos, era diáfana y totalmente lineal, sin separación física alguna entre productores y referencias. El hecho de que además los vasos compartieran diseño, usándose indistintamente para cualquiera de las referencias servidas, provocaba que resultara más cómoda la devolución del vaso para la recuperación de la moneda depósito.

El desarrollo...

El primer acto oficial que marca el comienzo de la celebración del festival, es una ceremonia religiosa que tiene lugar en la imponente catedral gótica de Bruselas construida en honor de los santos patrones de la ciudad San Miguel y Santa Gúdula. En dicha ceremonia se realiza la consagración simbólica de la cerveza, en honor a Saint Arnould (San Arnaldo en español, santo de origen belga, y patrón de los Maestros Cerveceros) mediante la bendición que otorga el cardenal de Bruselas al barril de cerveza que contiene la primera cerveza elaborada de la temporada y que anteriormente han colocado delante del altar los soldados vestidos con uniformes de corte español del siglo XVII, que han transportado y custodiado el barril desde la Maison de les Brasseurs hasta la catedral. La ceremonia contó con música sacra y una coral que puso una nota emotiva adicional al desarrollo de la ceremonia.








Al acontecimiento acudieron los miembros de la Federación de los Maestros Cerveceros Belgas, ataviados con su vestimenta ceremonial, donde destacan sus llamativas túnicas escarlata, y acompañados por personalidades locales, invitados y prensa. A la ceremonia tampoco faltaron los soldados, con su capitán y abanderado a la cabeza, que son los encargados de custodiar y proteger la cerveza consagrada y a los miembros de la comitiva, como manda la tradición. Resulta llamativo comprobar como los soldados se disponen a ambos lados de la entrada principal de la catedral, rindiendo honores a los miembros de la Federación, Caballeros e invitados.






Antes de entrar a la catedral, la comitiva al completo marchó tras el pelotón de soldados que portaba el barril de cerveza, suspendido por cadenas, realizando un desfile desde la Grand Place, donde se encuentra la sede de la Federación. Fueron además acompañados por una banda de música y un conjunto de clarines y trompetas que parecen tocadas por un conjunto de personajes salidos de otra época por su indumentaria, y que llenó de colorido las calles por donde discurrieron, llamando la atención de lugareños y turistas.


Tras la conclusión de la ceremonia religiosa, la comitiva volvió a peregrinar por las calles más céntricas de Bruselas, trazando un recorrido diferente hasta llegar de nuevo al Ayuntamiento de la ciudad, el edificio más bello y singular, sin duda alguna, de toda la Grand Place, donde los miembros de la Federación, Caballeros, invitados y prensa se encuentran convocados para asistir al que quizás es el acto oficial de mayor relevancia entre los miembros del sector cervecero: el nombramiento de los Caballeros de la Cerveza.



En el salón gótico del Ayuntamiento tiene lugar esta ceremonia de investidura de los Caballeros de la Cerveza, un ritual cargado de simbología y tradición, con la presencia  de una de las herramientas más antiguas usadas por los Maestros Cerveceros, la pala de bracear la malta, que sustituye a la espada para el nombramiento de los caballeros. El objeto de este acontecimiento es premiar el trabajo, el tesón, la fidelidad y la pasión por la cerveza belga de aquellos que perteneciendo al mundo cervecero y su entorno, demuestran con su dedicación todas estas cualidades, diginificando y promocionando la cerveza de aquel país. 

Cada año la Federación elige a este grupo selecto de personas a nivel mundial, que merecen a su juicio el honor de ser nombrados Caballeros de la Cerveza. El encargado de hacer de maestro de ceremonias de todo el acto y que fue marcando la pauta del guión es el Gran Maestre de la orden de los Caballeros Cerveceros, Charles Leclef que a su vez es el propietario  de la célebre cervecera Het Anker de Malinas. Una vez finalizada la ceremonia los caballeros, provistos de una copa recién servida con cerveza hacen un brindis conjunto, dando por concluida la parte correspondiente a su nombramiento.


Además de la ceremonia del nombramiento de los Caballeros, varias personalidades como el Alcalde de la ciudad, Freddy Thielemans y el propio Gran Maestre, realizan varios discursos,  salpicados con alguna nota de humor, donde queda claramente patente la poliglotía de los bruselenses, usando indistintamente neerlandés, francés e inglés. En sus mensajes se aprecia la gran pasión que siente el pueblo belga por la cerveza, uno de sus productos gastronómicos estrella en el mercado y por el que son mundialmente reconocidos, junto con los exquisitos chocolates entre otros. Algo que también quedó de manifiesto en el enormemente apasionado discurso dado por el representante de la Federación de la Industria Gastronómica Belga (conocida como "Belgian Food" y cuya página web www.food.be merece una visita), que fue uno de los elegidos para ser nombrado Caballero. Su lema lo dice todo: "Pequeño país, gran comida". Al margen de la pasión y entusiasmo mencionados, el mensaje que más caló entre el respetable fue el repetido por Charles Leclef en su discurso: "Amemos la cerveza belga, hecha con sumo cuidado, pero que ha de consumirse con responsabilidad".



Tras las salida del Ayuntamiento tiene lugar la inauguración oficial del recinto ferial de la Grand Place. Durante dos horas, el recinto queda a disposición de los invitados y la prensa acreditada, antes de la apertura al público, y es cuando resulta más sencillo poder hablar tranquilamente con los productores, dada la limitación de acceso, motivo por el cual es aprovechado este lapso de tiempo por parte de miembros de la industria del sector, como productores, hosteleros, distribuidores y comerciantes, para intentar estrechar lazos comerciales y hacer negocios.



A lo largo del fin de semana tienen lugar otros dos acontecimientos muy llamativos de cara al visitante y que provoca que la concentración de público sea aún mayor. El primero de ellos tiene lugar el sábado al mediodía, donde se realiza un desfile de carruajes clásicos tales como los que eran utilizados en antaño por los fabricantes cerveceros para transportar la cerveza, mediante animales de tiro. 





Entre los carruajes más vistosos se encontraban sin duda los de la cerveza Kwak, de la cervecera Bosteels, en los que se puede apreciar el gancho situado junto al cochero para el que se diseñó la forma de probeta tan peculiar del archiconocido vaso de Kwak durante la época napoleónica. La explicación histórica se centra en la imposiblidad de que el cochero pudiera bajar del carruaje en las paradas efectuadas en tabernas y cervecerías durante la ruta, según dictaba la legislación de la época.

El domingo la Grand Place también se llena de colorido, gracias a los miembros de las "logias cerveceras" de cada una de la fábricas que se congregan en la Grand Place, vestidos con símbolos que los hace claramente identificables para el gran público, poniendo la nota simpática y llamativa como casi colofón de tres días de fiesta en honor a la cerveza belga.

Las cervezas...



Probé en primera instancia hasta el momento en que la zona de la Grand Place abriera sus puertas al público, 2 cervezas gracias al par de consumiciones con los que la organización obsequiaba a los acreditados de la prensa: la Piraat Tripel Hop de Van Steenberge, una strong golden ale belga, más potente que una triple, y bien conocida como es la Piraat, que en esta ocasión era "vestida" con una lupulización extra, lo que dotaba de unos matices aromáticos con presencia de cítricos y plantas silvestres, que complementaban la contundente base de malta y caramelo que había en el fondo, logrando un resultado delicioso. También tuve oportunidad de probar la Verhaeghe Barbe Rubi, una de las muchas cervezas lámbicas de frutas que tuve ocasión de probar durante la feria, siendo una muestra más que aceptable dentro del estilo, con las características notas aromáticas a cereza dulce replicadas en el paladar, donde el gusto resulta muy agradable, aunque en parte dominado por un excesivo dulzor afrutado, pero ocupando un lugar para nada desapercibido entre los amantes del este tipo de cervezas. 



Visitando los diferentes stands tuve la oportunidad de encontrarme con el Abad Erik y el Padre Karel de la Abadía de Grimbergen, a los que conocí personalmente durante la presentación oficial de la nueva imagen de la marca en Madrid, y a Erik De Coene, directivo de Cervebel, una de las principales distribuidoras de cervezas de importación en España, y que tuvo el detalle de invitarme a una Lindemans Lambic, una auténtica lambic, carente de espuma y repleta de matices ácidos bien contenidos, que finalizaban un en un regusto seco y astringente, que podía llegar a resultar adictivo. Una experiencia única sin duda, nada habitual en nuestra geografía, ya que las cervezas lámbicas de grifo son muy difíciles de encontrar en las cervecerías especializadas de España, entre otros motivos, porque es un estilo aún con mucho camino por recorrer para ser aceptado y demandado por un sector importante del público.

Mi podium particular de todas las cervezas inéditas para mi, probadas durante las tres jornadas de feria, lo componen:
Medalla de oro: Rodenbach Caractère Rouge, una Red Flanders Ale muy compleja, excelente que viene a ser la nueva versión de la célebre Rodenbach Alexander, donde confluyen el carácter de las roodbruin, con sus matices agridulces con toques de frutos rojos y madera, junto con el dulzor natural de la fruta macerada en barrica. Es un despliegue de matices a bayas, frutas del bosque y cerezas, que finalizan con un regusto mitad ácido, mitad agrio, perfectamente acoplado y acompañado de una astringencia adicional proporcionada por el mayor contenido alcohólico. Absolutamente deliciosa. Sin duda lo mejor que tuve oportunidad de probar durante la feria.
Medalla de plata: Piraat Tripel Hop, cambiando de estilo y tal como comentaba anteriormente en el mismo post, es una excelente versión de la tradicional Piraat, donde el lúpulo queda patente en aroma y sabor complementando los matices habituales una strong golden ale, con su habitual cuerpo maltoso, elevado contenido alcohólico y toque de levadura, que es tan frecuente entre este tipo de cervezas belgas.
Medalla de bronce: Eucasinnes Cookie Bier, elegida por lo sorprendente de los matices desplegados por ella, ya que en ella abundan las notas a canela, nuez moscada, jenjibre y galleta, por lo que provoca reminiscencias hacia las pumpking ales norteamericanas, pero con un cuerpo más ligero y resultando más fácil de tomar. Dulzona, compleja, deliciosa y a mi juicio bien compensada a pesar de su carácter dulce, lo que provoca reticencias en muchos cerveceros. Tal y como oí comentar a un visitante de la feria es como "beber un pastelito de Belem". Perfecta para acompañar a postres.



De entre las cervezas ya conocidas por mi, pero que opté por volver a probar en algunos casos directamente servida de barril, mi podium es el siguiente: 
Medalla de oroGouden Arend 125 aniversario, edición especial por el 125 aniversario de la fábrica de Ryck, y que en mi opinión supone uno de los tres mejores exponentes a nivel mundial que hay en el estilo de triple belga.
Medalla de plataLa Duchesse de Bourgogne, una oud bruin de la cervecera Verhaeghe que probada de barril es una experiencia nueva, donde los matices destacables de esta cerveza se ven aumentados en grandes proporciones y que genera muestras efusivas de reconocimiento por aquellos que la prueban, incluso por primera vez.
Medalla de bronce: La Blanche des Honelles de la brasserie Abbayé des Rocs, y que es la cerveza blanca de trigo de estilo belga con mayor cuerpo, alcohol, y riqueza de matices de todo el mercado, superando incluso a la excelente wit de Sint Bernardus, dentro del mismo estilo.

En los siguientes posts hablaré de las visitas a las fábricas de cerveza de Cantillon y de Het Anker en la pequeña pero bella ciudad de Malinas, dos grandes representantes de la cerveza belga, cada una en su estilo. Y también hablaré de los locales y tiendas especialmente recomendadas en la capital belga para aquellos que quieran gozar plenamente de tan maravillosa bebida.